Causas de la crueldad
La división artificial creada por el hombre entre su "especie"
y el resto de especies (especieísmo) ha sido la causa de la
explotación del Reino Animal a manos de su ‘hermano mayor’,
el hombre, quien en vez de responsabilizarse sabiamente de ellos,
los ha tiranizado sin misericordia.
Sin embargo, los animales, como nosotros, buscan el bienestar, la
seguridad, el trato amable, sienten tristeza, soledad y miedo, huyen
del sufrimiento y se resisten a morir: "LOS ANIMALES TIENEN DERECHO
A NO SER VÍCTIMAS DE LA CRUELDAD"
Los animales y el Derecho positivo
Un creciente número de científicos, filósofos
y público en general, exige un trato ético y moral para
los animales. Esto ha dado como resultado la promulgación de
cada vez un mayor número de normativas de protección
y bienestar animal que les reconoce ciertos derechos legales, especialmente
vinculados con la evitación de la crueldad hacia ellos, desde
el “Protocolo Anexo del Tratado de Amsterdam sobre la protección
y el bienestar de los animales” y otras muchas directivas y
normas europeas, pasando por el Código Penal español,
las leyes autonómicas promulgadas por todas las Comunidades
Autónomas y ciertas ordenanzas municipales. De hecho, la legislación
catalana ha dado un paso más, y ya ha reconocido la “sensibilidad
psíquica” de los animales. Sin embargo, esta ingente
legislación es todavía muy injusta, incompleta y, en
no pocos casos, hipócrita, en su forma de enfocar la ‘protección’
de los animales, sin olvidar la esquizofrenia moral que supone la
absoluta desprotección de los animales utilizados en los espectáculos
taurinos (corridas de toros, rejoneo, novilladas, becerradas, ‘toros
de fuego’, ‘toros ensogados’, etc.) Por ello, queda
aún mucho camino hasta conseguir la erradicación de
la perspectiva de tiranía antropocéntrica con la que
son vistos y tratados los animales en España.
DERECHOS E INTERESES DE LOS ANIMALES
Charla dictada en el ATENEO DE MADRID, el 24
de abril de 1996,
por el presidente de ANPBA, Alfonso Chillerón.
Hace tiempo que el hombre dejó de ser considerado el "rey
de la creación". El ser humano ha recibido constantes
golpes en su egocentrismo, asestados por la propia ciencia que él
creó. Así, por ejemplo, la Astronomía nos enseñó
que el Universo no gira alrededor de la tierra, y de considerarnos
"el ombligo" del mismo, fuimos a parar a uno de los "arrabales"
de una galaxia perdida entre millones de ellas. También la
Biología nos golpeó de lleno en nuestro antropocentrismo.
Nos obligó a aceptar que pertenecemos al reino animal.
¿Qué queremos significar con esto? Que la diferenciación
que hacemos entre humanos y animales no es correcta. El término
"humano" no se contrapone al termino "animal",
por cuanto nosotros SOMOS “ANIMALES HUMANOS”.
Por tanto, para mantener el espíritu de las corrientes filosóficas
más avanzadas, cada vez que se utilice el vocablo ‘animales’,
estaré refiriéndome a los ANIMALES NO-HUMANOS.
Para hacernos una idea de hasta qué punto el ser humano constituye
una unidad indivisible con el resto de los animales, quisiera traer
a colación los recientes estudios sobre el ADN (material genético)
de los humanos y otros primates. La conclusión, según
Jared Diamond, catedrático de fisiología, y de otros
especialistas en Genética y Biología molecular, fue,
textualmente la siguiente: "El pariente más próximo
del chimpancé, el que más material genético comparte
con él, no es el gorila, sino el ser humano".
De hecho, parafraseando a Priscilla Cohn, "un ser humano y un
chimpancé son más afines entre sí que, por ejemplo,
un perro y un cocodrilo". Así, al hablar de "hombres"
y "animales" caemos en una TRAMPA LINGÜÍSTICA,
porque reforzamos la noción de que el hombre no es un animal.
Especieísmo
Desde luego, la actitud de nuestra sociedad hacia los animales se
basa en un prejuicio, al que Richard Ryder denominó ESPECIEÍSMO
(speciesism, en inglés), término comparable, en el caso
de los animales, al de RACISMO o SEXISMO, en el caso de los humanos.
Así como el "RACISMO" fue el que condujo a los ESCLAVISTAS
BLANCOS a no tomar en consideración los intereses de los negros,
el ESPECIEÍSMO, que es el prejuicio soberbio basado en la especie,
hace que el hombre, en tanto que especie humana, se crea privilegiado
respecto a las demás, poseedor de unos derechos que éstas
ni tienen ni pueden tener.
Sin embargo, a través de la observación inferimos que
LOS ANIMALES POSEEN INTERESES, los cuales derivan de su condición
de seres sintientes, o seres sensibles.
Atrás quedaron aquellos oscuros tiempos cartesianos y mecanicistas
en que, según testimonios escritos, los científicos
que experimentaban con animales los consideraban como relojes, y sus
chillidos como el sonido de un muelle al tocarlo, negándoles
incluso la sensibilidad.
Lo cierto es que poseen una asombrosa capacidad para el sufrimiento
y el dolor. Hasta un animal tan despreciado como el GUSANO DE TIERRA
segrega ‘encefalinas’ y ‘endorfinas beta’,
sustancias opiáceas que el cerebro segrega para bloquear las
sensaciones de dolor, exactamente igual como ocurre a los humanos.
Derechos ‘morales’
Pues bien, si por experiencia propia sabemos que el sufrir es una
manifestación de sensibilidad, y que, si un ser sufre, no existe
justificación moral alguna para negarnos a tener en cuenta
su sufrimiento, entonces, la capacidad de los animales para experimentar
placer, dolor y sufrimiento, nos obliga a reconocerlos como SERES
DIGNOS DE CONSIDERACIÓN, nos obliga a considerar su status
moral, y esta es la idea que se designa con la expresión "derechos
de los animales". Los animales poseen unos derechos morales básicos.
Puesto que estoy hablando de DERECHOS, justo es decir que hay quienes
piensan que los derechos implican deberes, y si a los animales no
se les puede exigir deberes, tampoco se les puede otorgar derechos.
Ahora bien, para ser consecuentes, hemos de reconocer que los animales
no son los únicos ‘discapacitados’ para asumir
deberes. Tampoco pueden asumirlos los disminuidos psíquicos,
los autistas, los que están en coma, las víctimas de
demencia senil, los bebés y niños pequeños, etc...
Sin embargo, les otorgamos derechos morales. Entonces, ¿qué
argumento, que no esté basado en el prejuicio, puede negárselos
a los animales?
Si un HUMANO tiene el derecho de NO SER TORTURADO, a causa de las
sensaciones de dolor y espanto que dicha tortura conlleva, ¿sería
justo negarle a un animal ese derecho, máxime cuando sabemos
que en él se producen idénticas sensaciones? Si un NIÑO
tiene derecho A NO SER EXPLOTADO... ¿qué base razonable,
científica y justa, nos permite concluir que es un derecho
del que carece el animal?
Deberes
Y si aún hay quien piense que los animales no poseen derechos...
que lo considere en el sentido opuesto, es decir, que tenemos DEBERES
hacia ellos, como el deber de no torturarlos, de no oprimirlos, proporcionarles
bienestar, etc. ¿Está este concepto más en armonía
con las convicciones del auditorio? Pues bien, en el momento en que
reconozco que tengo unos ‘deberes’, indirectamente he
reconocido en otros seres la posesión de unos ‘derechos’.
Intereses
No obstante, si el concepto de ‘derechos’ es excesivo
para algunos, existe un concepto mucho más suave, pero no por
ello menos efectivo: los INTERESES.
De acuerdo con la filosofía de la moral, los intereses primarios
siempre han de ser antepuestos a los intereses secundarios. Si existe
un conflicto entre ambos intereses, ha de primar el interés
primario, el interés vital.
He aquí dos ejemplos que ilustran este concepto:
Los animales poseen el derecho moral a que sus intereses primarios
se antepongan a nuestros intereses secundarios. Me explico.
El interés de los conejos de que no les revienten los ojos
para experimentar en ellos productos cosméticos es un interés
primario, vital para ellos, y, por tanto, está antepuesto al
interés secundario del ser humano a usar cremas resultantes
de un inmenso dolor simplemente para tener un cutis más radiante.
O, también, es un interés primario para el toro el que
no se le torture hasta morir, para que otros deriven de su lidia una
supuesta satisfacción o ‘emoción estética’.
El interés del taurino es secundario, supeditado al interés
primario del toro, porque al toro se le arranca inicuamente la vida
entre tormentos.
Los propios seres humanos extraemos beneficios profundos de incluir
a los animales en nuestra COMUNIDAD MORAL, y es que la compasión
enriquece nuestra sensibilidad moral.
Aquí resulta imposible no citar a Jeremy Bentham, quien, en
1879, cuando Francia acababa de abolir la esclavitud, dijo en su obra
“An Introduction to the Principles of Morals and Legislation”
(Introducción a los Principios de la Moral y la Legislación),
refiriéndose a los animales:
"Puede que llegue el día en que el resto de la creación
animal recupere los derechos que nunca le hubieran sido arrebatados
salvo por la mano de la tiranía. Los franceses ya han descubierto
que la negrura de la piel no es una razón por la que un ser
humano pueda ser abandonado sin remisión al capricho de su
torturador. Quizá llegue el día en que se reconozca
que el número de patas, la vellosidad de la piel, o la terminación
de hueso sacro, son razones igualmente insuficientes para abandonar
a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa debiera
trazar el límite insuperable? ¿Acaso la facultad de
razonar, o tal vez la facultad del lenguaje? Pero un caballo adulto,
o un perro, es, más allá de toda comparación,
un animal más racional, y con el que es más posible
comunicarse, que un niño de un día, de una semana, o
incluso de un mes. Supongamos, sin embargo, que fuese de otra manera,
¿cuál sería la diferencia? LA PREGUNTA NO ES:
¿PUEDEN RAZONAR?, NI: ¿PUEDEN HABLAR?, SINO: ¿PUEDEN
SUFRIR?"
En verdad, ES LA CAPACIDAD PARA EL SUFRIMIENTO la que introduce al
mundo animal al ámbito de los derechos.